De forma sencilla y genérica, podemos definir este sistema como
una instalación integrada por detectores térmicos acoplados a una
red de tuberías de agua a presión.
Por ello deducimos que existe una complementación entre dos
sistemas de protección contra incendios: la detección (térmica) y
la extinción, por medio de agua como agente extintor.
Su alta eficacia la corroboran las estadísticas: más del 90% de
los incendios son apagados en su etapa inicial o son limitados sus
efectos al área de origen. Esta circunstancia es valorada por las
empresas aseguradores con reducciones en las primas de seguro. Pero,
conseguir que la instalación sea fiable requiere:
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Diseño específico según los riesgos existentes.
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Instalación adecuada al establecimiento a proteger.
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Revisiones y mantenimiento riguroso de los elementos del
sistema.
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Comprobación frecuente del funcionamiento del sistema.
El apéndice 9 del RIPCI nos recuerda que "los sistemas de
rociadores automáticos de agua, sus características y
especificaciones, así como las condiciones de su instalación, se
ajustarán a las normas UNE 23.590 y UNE 23.595".
Los sistemas de rociadores automáticos se han instalado
asiduamente en aquellos establecimientos donde el riego de
incendio es elevado: grandes superficies y edificios, industrias
peligrosas, almacenes, etc. bien como único sistema contra
incendios o combinados con otros: instalaciones de CO2, de otros
agentes gaseosos o de espuma.
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