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La actividad humana
conlleva una realidad económica que en su devenir no puede prescindir de
otras dos connotaciones: la social y la medio ambiental.
Es una realidad
constatable que el desarrollo sostenible (también en el caso de la
construcción) se apoya en tres pilares importantes: el económico, el
social y el medio ambiental, los tres vinculados de forma esencial y
fundamental a la actividad del ser humano.
El año 2003 en una Jornada
Técnica, promovida por ASEFAVE en CONSTRUMAT, en la que se trató de la
edificación y su aportación al desarrollo sostenible, el Presidente del
Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (CSCAE)
(actualmente en el cargo) avisaba que: “hay que ir promoviendo nuevos
paradigmas que no sólo conciencien sino que alienten al mercado y a los
profesionales a participar en proyectos, productos, elementos de
construcción y procedimientos saludables y sostenibles en el
mantenimiento de los edificios y sus consumos de energía que se
traduzcan en espacios habitables de la ciudad concebidos y conformados
de otra forma”.
Añadía también “que es
motivo de interés y preocupación para los arquitectos aumentar el nivel
de sostenibilidad de los edificios en su conjunto”.
Una vida sostenible
implica la coordinación de tres pilares básicos: crecimiento económico,
conservación medio ambiental y logro de una justicia social, como se
afirmó en la “Cumbre de la Tierra”, celebrada en Río de Janeiro en
1.992.
La tecnología, en continua
evolución, tiene que ser herramienta de competitividad porque persigue
fundamentalmente un objetivo económico pero siempre y en todo caso con
un impacto social y medio ambiental que nos lleva a considerar que la
competitividad es y debe ser sostenibilidad.
El CTE, recientemente
aprobado y en desarrollo, resulta ser el marco normativo que establece
las exigencias básicas de calidad, seguridad y habitabilidad de los
edificios con un objetivo muy claro: que la construcción se adapte a la
estrategia de sostenibilidad económica, energética y medio ambiental.
Es una realidad que la
aplicación del CTE está modificando determinadas pautas de diseño:
- edificios más saludables
(el DB de salubridad),
- edificios más sostenibles y eficientes energéticamente (el DB de
ahorro de energía que establece su uso racional, la reducción del
consumo y la utilización
de fuentes de energía renovables).
Recientemente la Ministra de Vivienda, Dª. Carmen Chacón. en la Jornada:
“El estado de nuestras ciudades”, señalaba que: “lo importante no es
crecer sino crecer bien, dado que el gran reto que hoy afrontamos es
procurar que nuestro desarrollo sea sostenible, viable a largo plazo en
beneficio de todos, con un territorio y edificaciones sostenibles para
las generaciones de hoy y de mañana”.
Dos razones afloran para
probar cómo debe ser la actividad del hombre El ser humano ha sido
considerado desde siempre como un ser social que vive y “convive” con
sus semejantes pero que además lo hace en un entorno o hábitat que hay
que conservar.
En la línea de las
manifestaciones de la Ministra de Vivienda, antes citadas, el entorno en
que vivimos no es algo que nos pertenezca como humanos con carácter
exclusivo sino que es y debe ser considerado como un “préstamo” que nos
hacen las generaciones futuras.
En consecuencia, la
actividad humana y la tecnología, como instrumento y herramienta
fundamental, tienen dos coordenadas que la circunscriben y que deben ser
respetadas; por una parte, la aportación a la sociedad en la que vivimos
y por otra, el respeto al entorno en el que esa actividad se desarrolla.
Trasladado todo lo
anterior al mundo de la construcción y de la edificación, donde se ubica
el sector del cerramiento acristalado, habría que destacar dos facetas
importantes:
- la construcción es un
gran consumidor de recursos naturales y lo es también en nuestro sector:
madera, PVC, aluminio, etc,
- la construcción ha sido y sigue siendo todavía un sector clave en el
desarrollo
económico de nuestro país; con datos de 2006, un volumen de 185.200
millones de euros (más del 15% del PIB) y una cantidad superior prevista
para el 2007.
Ante esta realidad, la
actitud de los fabricantes de nuestro sector debería tener dos objetivos
fundamentales; por una parte, que disminuya la presión sobre el entorno
a lo largo de todo el ciclo de vida de los productos y por otra,
satisfacer necesidades económicas y sociales.
Compatibilizar las
dimensiones económicas, sociales y medio ambientales de una manera
armoniosa y equilibrada en un modelo de desarrollo sostenible es la
clave del futuro de nuestra sociedad global.
A todo ello contribuirán,
sin duda, los nuevos textos normativos recientemente aprobados: LOE,
CTE, Certificación Energética de los Edificios y otros.
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